Cada vez me hago más una pregunta:

¿Qué está pasando con la profesión de abogado?

 ¿Por qué cada vez más compañeros, después de más de 20 años de profesión, abandonan los despachos para dedicarse a otra cosa, muchas veces completamente alejada del Derecho? He leído bastante sobre este fenómeno y, cuanto más lo interiorizo, más vértigo me produce.

La Agilidad en la Abogacía Moderna

Responsabilidad y Competitividad: Un Dilema Contemporáneo

La sociedad siempre ha cambiado. Pero la época que nos ha tocado vivir no es un cambio más. Estamos ante una transformación profunda, una nueva revolución tecnológica que está modificando nuestra manera de trabajar, de relacionarnos y hasta de entender determinadas profesiones.

Los abogados también estamos dentro de esa revolución. Pasamos de la máquina de escribir al ordenador. Al principio, simplemente utilizábamos el ordenador como una herramienta para escribir más rápido. Pero detrás de aquella máquina aparentemente inocente se escondía un cambio mucho mayor: una transformación tecnológica que acabaría afectando a la propia forma de ejercer el Derecho.

Y ahora la pregunta es otra: ¿Cómo se pasa de ser principalmente pensador y escribiente a convertirse también en tecnólogo? ¿Y qué implica esa transformación para nuestra profesión y para la sociedad?

Porque nuestros clientes también han cambiado. Vivimos en la cultura de la inmediatez. El “lo busco yo”. Las respuestas instantáneas. Miles de ofertas al alcance de una pantalla. Una competencia cada vez más intensa. Y grandes despachos capaces de asumir infraestructuras que les permiten ser más ágiles, más rápidos y, en determinados casos, más competitivos en precio.

"¿Qué ha sido de la vocación?"

Rodríguez & Alonso Abogados

Desilusión y Sobreesfuerzo

El Desafío de los Abogados Hoy

La vocación de servicio. La vocación por estudiar. La búsqueda de estrategias. El placer de encontrar soluciones donde parecía que no las había. Ese componente casi de juego intelectual que durante tantos años podía hacer apasionante nuestra profesión. ¿En qué momento ese juego se convirtió en una mochila llena de piedras?

Pero hay otra cuestión que considero todavía más importante: la responsabilidad. ¿Qué significa hoy ser responsable de un trabajo? ¿Qué significa asumir responsabilidad frente al cliente, frente a la sociedad y frente a nuestro propio conocimiento? Y, sobre todo: ¿Quién quiere asumir cada vez más responsabilidad cuando esa responsabilidad no siempre se reconoce ni se remunera adecuadamente?

Quizá aquí esté una de las claves de lo que está sucediendo. Después de décadas de ejercicio pueden aparecer la desilusión, el sobreesfuerzo, el sobrepensamiento, la falta de reconocimiento y esa lucha interminable por sacar adelante el día a día. La sociedad ha cambiado. Y la profesión también.

Reconocimiento y Economía

El Impacto del Reconocimiento en la Economía Profesional

Y lo más preocupante: ¿en qué momento dejamos de sentir que ese esfuerzo tiene una recompensa? Porque no podemos olvidar algo fundamental. La falta de reconocimiento de un profesional liberal está íntimamente ligada, también, a su realidad económica.

La Realidad Económica y Estructural

Cuando el trabajo no se reconoce, cuando las responsabilidades aumentan, cuando los clientes retrasan los pagos y cuando la presión económica y fiscal crece, la vocación por sí sola puede dejar de ser suficiente. El deterioro no afecta únicamente al abogado. También se refleja en las instituciones, en la Administración de Justicia, en la relación con nuestros clientes y en la capacidad de los despachos para sostener una actividad profesional digna.

El Futuro de la Abogacía

Reimaginando la Profesión Legal

Y quizá por eso deberíamos dejar de preguntarnos únicamente cómo adaptar la abogacía a la tecnología. La pregunta debería ser mucho más profunda: ¿Cómo queremos que sea la profesión de abogado dentro de diez, veinte o treinta años?

El verdadero reto
Porque quizá el verdadero reto no sea conseguir que los abogados aprendamos a utilizar nuevas tecnologías. Quizá el verdadero reto sea conseguir que, en medio de toda esta transformación, siga mereciendo la pena ser abogado.

¿Qué opináis? ¿Estamos ante una transformación inevitable de la profesión o ante un deterioro que todavía estamos a tiempo de corregir?

La esencia y vocación de nuestra profesión siguen intactas